Zaragoza, ciudad de historia milenaria y cuna de devoción mariana, fue escenario de convulsiones que moldearon su destino y el de toda España. La Guerra de Sucesión (1701-1714) no fue solo un conflicto internacional por el trono español, sino también una lucha interna que desgarró la península. En este primer capítulo de nuestro recorrido histórico, nos adentraremos en los sucesos que rodearon el asedio de Zaragoza, un evento crucial que marcaría el fin de la dinastía de los Austrias y el inicio de la de los Borbones, alterando para siempre el panorama político y social de Aragón y de la capital aragonesa. Prepárense para revivir la resistencia de una ciudad que se aferró a sus fueros y tradiciones ante el embate de la historia.

El Legado de los Austrias y la Crisis Sucesoria

El siglo XVII en España se cerró bajo el reinado de Carlos II, apodado «El Hechizado». Su reinado estuvo marcado por la debilidad física y mental del monarca, la crisis económica y la pérdida de territorios. A pesar de sus dos matrimonios, Carlos II no dejó descendencia, lo que abrió la puerta a una compleja crisis sucesoria con aspirantes de las principales casas reales europeas: los Borbón de Francia y los Habsburgo de Austria. La sucesión al trono español se convirtió en el epicentro de las ambiciones de las potencias europeas, quienes temían el desequilibrio de poder que supondría la unión de la corona española con la francesa o la austriaca.
La muerte de Carlos II el 1 de noviembre de 1700 sin un heredero claro desencadenó una serie de acontecimientos. Su testamento designaba como sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. Esta decisión, aunque buscaba la unión dinástica con Francia, generó el recelo de otras potaciones, especialmente Austria, que consideraba que el trono español le correspondía a su archiduque Carlos de Habsburgo. Las alianzas se forjaron rápidamente, dando inicio a un conflicto a gran escala que pronto alcanzaría los territorios españoles.
Los Austrias en Aragón: Tradición y Fueros
La Casa de Austria, que había reinado en España desde Carlos I, mantenía una relación particular con los reinos de la Corona de Aragón, incluyendo Aragón, Cataluña y Valencia. Estos reinos gozaban de un sistema de fueros y libertades que los diferenciaba del modelo más centralizado de Castilla. La monarquía austriaca, en general, respetó estas particularidades, lo que generó una lealtad, aunque no exenta de tensiones, hacia la dinastía. Sin embargo, la llegada de los Borbones y su política centralizadora amenazaba este delicado equilibrio, avivando el sentimiento foralista en Aragón.
«El testamento de Carlos II, que designaba a Felipe de Anjou como heredero, fue el detonante de una guerra que redefiniría el mapa de Europa y el futuro de España.» Historiadores de la Época
La proclamación de Felipe V como rey de España el 16 de noviembre de 1700 en Madrid, y posteriormente en los distintos reinos, no fue aceptada por todos. En Aragón, la figura del archiduque Carlos de Habsburgo, proclamado rey como Carlos III, encontró un eco significativo, especialmente entre aquellos que veían en la nueva dinastía Borbón una amenaza a sus fueros y tradiciones. Esta división interna sentó las bases de los conflictos que se desatarían en los años venideros, marcando el inicio de la Guerra de Sucesión en territorio aragonés.
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Zaragoza: Baluarte de la Lealtad y el Comienzo del Asedio

Con el estallido oficial de la Guerra de Sucesión en 1701, Zaragoza se encontró en una encrucijada. La ciudad, fiel a la tradición foralista aragonesa, se inclinó mayoritariamente por el archiduque Carlos de Habsburgo. Esta adhesión no fue un mero acto de fe, sino una defensa activa de un modelo de monarquía pactista y respetuoso con las libertades aragonesas frente a la visión absolutista que representaba Felipe V. La lealtad a la causa austriacista se manifestó en diversas proclamas y actos públicos que buscaban consolidar el apoyo al pretendiente Habsburgo.
La estrategia militar en la Península Ibérica se volvió cada vez más compleja. Mientras las fuerzas borbónicas intentaban consolidar su poder, las tropas aliadas, apoyadas por el archiduque Carlos, buscaban ganar terreno. Zaragoza, por su posición estratégica y su arraigado sentimiento foralista, se convirtió en un objetivo clave. La ciudad se preparó para resistir, fortificando sus defensas y reuniendo a sus milicias. La perspectiva de un asedio se cernía sobre la capital aragonesa, anticipando uno de los episodios más dramáticos de su historia.
El Primer Asedio de Zaragoza (1706)
El primer gran enfrentamiento directo de la guerra en Zaragoza tuvo lugar en 1706. Las fuerzas borbónicas, comandadas por el duque de Berwick, pusieron sitio a la ciudad el 2 de julio de 1706. El objetivo era claro: doblegar la resistencia austriacista y asegurar el control de Aragón para Felipe V. La ciudad se defendió con tenacidad, demostrando el fervor de sus habitantes por la causa del archiduque. Los zaragozanos, hombres y mujeres, se volcaron en la defensa, convirtiendo las calles en escenarios de heroísmo y resistencia.
A pesar de la determinación de los defensores, la superioridad numérica y armamentística de las tropas borbónicas era innegable. El asedio se prolongó durante varias semanas, con intensos combates y bombardeos. Sin embargo, una serie de factores, incluyendo la llegada de refuerzos aliados y la propia resistencia de la ciudad, obligaron a las tropas de Berwick a levantar el sitio el 15 de agosto de 1706. Esta victoria inicial supuso un respiro para Zaragoza y un importante revés para las aspiraciones borbónicas en la región.
- Proclamación del archiduque Carlos como rey en Zaragoza.
- Movilización de milicias y preparación de defensas.
- Llegada de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick.
- Intensos combates y bombardeos sobre la ciudad.
- Resistencia heroica de los zaragozanos.
- Levantamiento del sitio por parte de las fuerzas borbónicas.
El Segundo Asedio: La Prueba de Fuego de Zaragoza

El levantamiento del primer asedio no significó el fin de la amenaza borbónica. La Guerra de Sucesión continuó con altibajos para ambos bandos. La importancia estratégica de Zaragoza y su firme adhesión a la causa austriacista la convirtieron en un objetivo recurrente para las fuerzas de Felipe V. El fracaso de 1706 solo sirvió para intensificar la determinación borbónica de conquistar la ciudad, vista como un símbolo de resistencia foralista que debía ser aplastado para asegurar la consolidación de la nueva dinastía.
En 1710, las circunstancias militares volvieron a favorecer un nuevo intento de asedio. Las tropas borbónicas, ahora bajo el mando del mariscal de campo conde de las Torres, rodearon nuevamente Zaragoza. Esta vez, la estrategia se centró en un cerco más prolongado y sistemático, buscando agotar los recursos y la moral de los defensores. La ciudad, consciente de la gravedad de la situación, se preparó una vez más para una resistencia que se anticipaba aún más dura y sacrificada que la anterior.
El Sitio de 1710: Una Resistencia Monumental
El segundo asedio de Zaragoza comenzó el 18 de mayo de 1710. Las condiciones eran más adversas que en el primer intento. Las tropas borbónicas, mejor preparadas y con una estrategia más implacable, iniciaron un asedio que se prolongaría durante meses. Los combates fueron encarnizados, con asaltos y contraataques que dejaron una profunda huella en la ciudad. La resistencia zaragozana se convirtió en un referente de valor y sacrificio, con episodios que pasarían a la historia de la ciudad.
Durante el asedio, la intervención de la ciudadanía fue crucial. Hombres, mujeres y niños participaron activamente en la defensa, reparando murallas, atendiendo a los heridos y manteniendo la moral alta. La devoción a la Virgen del Pilar, patrona de la ciudad, se intensificó, convirtiéndose en un pilar espiritual para los sitiados. Se dice que en los momentos más difíciles, la protección de la Virgen fue un consuelo y una fuerza renovada para los defensores. La resistencia de Zaragoza se convirtió en un símbolo de la lucha por sus libertades y su identidad.
| Aspecto | Primer Asedio (1706) | Segundo Asedio (1710) |
|---|---|---|
| Fecha de Inicio | 2 de julio de 1706 | 18 de mayo de 1710 |
| Comandante Borbónico | Duque de Berwick | Conde de las Torres |
| Duración Aproximada | Aproximadamente 6 semanas | Más de 4 meses |
| Resultado | Levantamiento del sitio borbónico | Caída de la ciudad |
| Contexto Estratégico | Primer gran intento de control borbónico en Aragón | Intento decidido de consolidar el poder borbónico tras victorias aliadas |
| Impacto en la Ciudadanía | Demostración de resistencia y lealtad | Heroísmo extremo, sacrificio y eventual rendición |
A pesar de la valentía y el sacrificio, la superioridad de las fuerzas borbónicas y el agotamiento de los recursos terminaron por imponerse. El 13 de agosto de 1710, tras meses de infructuosa resistencia, Zaragoza cayó en manos de las tropas de Felipe V. La rendición de la ciudad marcó un punto de inflexión decisivo en la Guerra de Sucesión, no solo en Aragón, sino en toda la Península Ibérica. La caída de Zaragoza significó la pérdida de un bastión de la resistencia foralista y allanó el camino para la imposición del nuevo orden borbónico.
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El impacto en la sociedad zaragozana y el cambio de régimen
La transformación administrativa bajo los Decretos de Nueva Planta
Tras la consolidación del poder borbónico, Zaragoza experimentó una reestructuración radical de sus instituciones tradicionales. El triunfo de Felipe V supuso el fin de los fueros aragoneses, que habían garantizado una autonomía política significativa durante siglos. La imposición de los Decretos de Nueva Planta integró a Aragón en el modelo centralista castellano, eliminando las Cortes de Aragón y sustituyendo la figura del Justicia Mayor por la del Intendente, un funcionario real encargado de la administración militar y fiscal bajo directrices directas de Madrid.
La burguesía y la nobleza local vivieron este periodo con profunda ambivalencia y tensión política. Mientras que algunos sectores aceptaron la nueva realidad para preservar sus privilegios económicos y estatus social, otros mantuvieron una resistencia pasiva o una nostalgia latente por el orden foral perdido. La ciudad dejó de ser el centro de una toma de decisiones soberana para convertirse en un nodo administrativo dentro de una monarquía absoluta que buscaba la homogeneización jurídica y administrativa de todos sus territorios peninsulares.
El cambio dinástico no solo alteró la burocracia, sino que modificó la vida cotidiana de los zaragozanos mediante una mayor presión fiscal necesaria para financiar las constantes campañas militares del monarca. La presencia de guarniciones borbónicas en puntos estratégicos de la ciudad funcionó como un recordatorio constante de la nueva autoridad. Este nuevo ordenamiento transformó la identidad cívica de Zaragoza, adaptándola a los estándares de la modernidad administrativa borbónica, aunque dejando cicatrices profundas en la memoria colectiva regional.
El legado militar y la memoria del conflicto en la ciudad
Fortificaciones y la huella de la guerra en el urbanismo
El asedio y las batallas libradas en las inmediaciones de Zaragoza dejaron una impronta indeleble en el paisaje urbano y en las infraestructuras defensivas de la época. Las murallas y los conventos periféricos, que habían servido como baluartes improvisados durante los enfrentamientos, sufrieron daños severos que obligaron a una posterior reconstrucción. El valor estratégico de la capital aragonesa, situada en un cruce de caminos vital, fue reconocido por ambos bandos, lo que llevó a una militarización de la vida pública que perduró durante décadas tras la contienda.
El conflicto no solo fue una lucha por el trono, sino un choque entre dos visiones de Estado: la tradición pactista aragonesa frente al absolutismo centralizador de los Borbones, proceso que reconfiguró para siempre la estructura política de la España moderna.
Historiadores de la Guerra de Sucesión Española
La memoria del conflicto se mantuvo viva a través de la literatura de la época y de las crónicas que narraban la dureza de la ocupación. Los monumentos y edificios religiosos, que a menudo servían de refugio o de puntos de observación, pasaron a ser símbolos de la resistencia o de la victoria, dependiendo del bando que ostentara el control. El trauma del asedio se integró en la psique zaragozana, influyendo en la forma en que la ciudad se relacionaría con la Corona durante el siglo XVIII.
En la actualidad, los estudios arqueológicos y documentales han permitido desenterrar el impacto real de este cambio de dinastía. Más allá de los relatos épicos, la Guerra de Sucesión en Zaragoza es vista como un catalizador que forzó la transición hacia una nueva era. La ciudad, acostumbrada a su autogobierno, tuvo que aprender a navegar las aguas de la centralización, convirtiéndose en un ejemplo paradigmático de cómo una urbe histórica se adapta a las exigencias de un poder central emergente.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué Zaragoza apoyó inicialmente al Archiduque Carlos?
Zaragoza, como parte del Reino de Aragón, mantenía una fuerte tradición foral y pactista. El Archiduque Carlos representaba, a ojos de muchos aragoneses, la preservación de sus leyes y fueros frente al modelo absolutista y centralizador que proponía Felipe V. El temor a perder la autonomía política y administrativa bajo una monarquía de corte francés impulsó a gran parte de la élite local a apoyar la causa austracista.
¿Cuál fue el papel de la Batalla de Zaragoza de 1710?
La batalla de 1710 fue un enfrentamiento decisivo donde las tropas austracistas derrotaron a las fuerzas borbónicas. Este éxito permitió al Archiduque Carlos entrar en Zaragoza y posteriormente en Madrid. Sin embargo, la victoria fue efímera, ya que la falta de apoyo popular en el centro de la península y la posterior contraofensiva borbónica obligaron a las tropas aliadas a retirarse, marcando el declive definitivo de la causa austracista.
¿Qué consecuencias tuvieron los Decretos de Nueva Planta?
Los Decretos de Nueva Planta significaron la abolición de los fueros, instituciones y leyes propias del Reino de Aragón. Se eliminaron las Cortes aragonesas y el Justicia Mayor, imponiéndose un sistema administrativo basado en el modelo castellano. Esto supuso la centralización del poder en la figura del rey y la instauración de una estructura provincial dirigida por funcionarios nombrados directamente desde Madrid, eliminando la soberanía regional histórica.
¿Cómo afectó el asedio a la población civil?
La población civil sufrió las consecuencias directas de la guerra: escasez de alimentos, epidemias derivadas del hacinamiento y la destrucción de propiedades durante los combates. El asedio interrumpió las actividades comerciales, base de la economía zaragozana, y generó una gran inseguridad. Muchos ciudadanos se vieron obligados a colaborar con los ejércitos en tareas de fortificación o a abandonar sus hogares para evitar las represalias y los saqueos constantes de las tropas ocupantes.
¿Qué importancia tuvo la ubicación geográfica de Zaragoza?
Zaragoza era un punto estratégico vital debido a su control sobre el valle del Ebro, conectando Cataluña con Castilla y el norte de España. Quien controlaba la ciudad dominaba las rutas de abastecimiento y comunicación para los ejércitos que se movían entre las fronteras. Esta ubicación convirtió a Zaragoza en un objetivo militar constante, siendo escenario de múltiples movimientos de tropas y cambios de control a lo largo de todo el conflicto sucesorio.
¿Cómo cambió la identidad de Zaragoza tras la guerra?
Tras la guerra, Zaragoza pasó de ser la capital de un reino con gran autonomía a una ciudad integrada en el sistema centralizado borbónico. La identidad local se vio obligada a adaptarse a una nueva burocracia y a la pérdida de sus instituciones representativas. Aunque la cultura y la lengua aragonesas persistieron, la vida política quedó subordinada a las directrices de la monarquía, marcando un cambio profundo en el carácter cívico de la ciudad.
Referencias
- Alvar Ezquerra, A. (2002). *La Guerra de Sucesión en España*. Akal.
- Conde, F. (2010). *Aragón en la Guerra de Sucesión*. Institución Fernando el Católico.
- García Sanz, A. (2015). *El fin de los Fueros: la administración borbónica en Aragón*. Editorial Universitaria.
- Mestre Sanchis, A. (1990). *La Ilustración y la política borbónica*. Historia de España, tomo 30.
- Vicens Vives, J. (2003). *Aproximación a la historia de España*. Vicens Vives.
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